Por Jorge Murrieta:
"Say no to racism" o "Dí no al racismo", es lo que decía la manta que, unidos, mostraron al mundo los jugadores de España y Estados Unidos en la semifinal de la Copa Confederaciones. Más allá del color de la piel, de diferencias económicas, religiosas, ideológicas y políticas, el futbol debe cumplir con una función social: Unir a los pueblos del mundo mediante el flujo constante de un balón sobre todas sus canchas. Hoy no sé, no me interesa si España perdió su invicto histórico; tengo dudas sobre si es la mejor selección del planeta, pero me da igual, como poco me importa si México padece una gravísima crisis de identidad a nivel balompédico. Hoy me importan los valores primarios que impulsan a este hermoso deporte a mandar un mensaje de paz a la humanidad, aunque suene cursi, trillado. Hoy me importaría, mucho más que México fuera a la Copa del Mundo, que la gente de la Africa negra, la de la India, la de nuestro mismo país con sus millones de habitantes en pobreza extrema, tuvieran tan solo un pedazo de pan para llevarse a la boca. Hoy, el futbol cancha pasa a segundo término porque hoy, nuestro amado deporte mandó un bellísimo mensaje a todo el orbe. Y ya de salida, señores Aguirre, Carrillo, Compeán, de María y compañía, no se pongan a temblar porque se viene Estados Unidos. Mejor vayan a la iglesia más cercana y récenle con fervor inimaginable al santo de su devoción.
miércoles, 24 de junio de 2009
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